Institut Oftalmològic de Catalunya-Oftalmología infantil 

Haz clic aquí para editar el subtítulo.

Obstrucción de la vía lagrimal en el niño



La obstrucción del conducto lagrimal es un problema muy común en los recién nacidos y con frecuencia desaparece por sí sola en los primeros cinco o seis meses de vida.

La lágrima es imprescindible para la lubricación del ojo y para su correcto funcionamiento, además de un aporte de sustancias fundamentales de nutrición y protección frente a las infecciones de la superficie ocular.  El sistema lagrimal en los ojos es como un sistema de conducción en el que hay una producción y una evacuación constante de la lágrima. Cada ojo tiene una glándula lagrimal que produce continuamente las lágrimas, incluso cuando no estamos llorando, y un conducto lagrimal (o tubo de desagüe) para drenar las lágrimas de los ojos hacia el interior de las fosas nasales. (Por eso nos moquea la nariz cuando lloramos.).

 Algunos niños nacen con un bloqueo en la parte inferior del conducto lagrimal y el resultado es que la lágrima, al no poder salir por el cauce habitual hacia la nariz, se desborda directamente desde el ojo hacia fuera. Cuando examinamos a estos niños, vemos un borde delgado de agua en la zona inferior de los ojos, y las lágrimas corriendo por su mejilla, incluso cuando no están llorando. Además, debido al estancamiento de la lágrima en el saco lagrimal, aparecen con frecuencia infecciones recurrentes con secreción amarillenta o verdosa junto con la lágrima, que requieren tratamiento con gotas de antibiótico.

En caso de ser necesario. ¿Cuál es el tratamiento?

Si la obstrucción de la vía lagrimal en el niño no desaparece por sí sola, puede plantearse el tratamiento quirúrgico a partir de los siete u ocho meses de edad. De lo contrario, debido a las infecciones recurrentes, hay un riesgo de desarrollar cicatrices dentro de las vías o tubos de drenaje en sí. En este punto, se recomienda una intervención relativamente simple que consiste en el sondaje e irrigación del conducto lagrimal utilizando una fina sonda que se introduce por los puntos superiores de entrada de la vía lagrimal hasta vencer la obstrucción que existe más abajo.

Aunque se realiza de forma ambulatoria, esta intervención se lleva a cabo en el hospital ya que necesita de una ligera anestesia.

Con este único procedimiento se soluciona definitivamente el problema en más del 90% de los casos, aunque ocasionalmente es posible que sea necesario repetirlo.

En el caso de que falle la recanalización de la vía existe la alternativa de dejar colocado un pequeño tubo flexible en el conducto lacrimonasal (llamado tubo o sonda de Crawford). El procedimiento se realiza también bajo anestesia general y dura aproximadamente 30 minutos. Este tubo se deja colocado durante unos meses lo que  permite que el conducto permanezca abierto y el paso de lágrima siga abierto, una vez retirado, con una gran tasa de éxito. Después de la cirugía, los niños tienen poca o ninguna molestia y pueden reanudar sus actividades normales al cabo de 1 ó 2 días.